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Viernes, 24 Febrero 2012 08:41

La historia del venado oro

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Ha pasado más de un año y aún no me lo creo...

Con esta sencilla frase quiero contar y de paso rememorar, aquel día 19 de diciembre de 2010, en mi puesto, el nº 5 la armada "Cortijo Luis" con Alonso de postor, donde fui agraciado, con un regalo inesperado, un espectacular venado oro matado en una finca abierta con mi sociedad de cazadores, la Sociedad Los Monteros de Vva. de los Castillejos, Huelva

Esa noche había sido una noche de perros, agua, viento y frío, muchas voces contrarias a la directiva de la sociedad, en pro de que se suspendiera, quedando varias puertas libres por no presentarse los socios.

A las ocho, puntual en el bar de "Ferrera", a la 8:30, todas las papeletas en sus sobres encima de la mesa, y con el secretario en pié, tras la respectivas advertencias, comenzó el sorteo según orden de lista, aquí ya se vaticinaba que algo bueno me iba a suceder, sale mi nombre y voy raudo a la mesa, cojo la que se estaba quedando en el extremo opuesto al resto, cuando la abro y doy lectura de mi puesto y armada, lo primero que pensé, hace unos años vi como un buen cochino hacía volar un perro por encima de la jara. Así es, por lo que, a pesar de la insistencia de Tomás para que la cambiara, (aún me sigo alegrando de no haberlo hecho). Me quedé con ella.

Mi armada, fue una de las primeras en salir y una vez llegamos a la zona donde se dejan los coches, empezamos a cargar los trastos y todos cuesta arriba y cuesta abajo hasta el primer puesto, el cual le tocó en suerte a mi amigo Castellano. Alonso nos iba colocando cada uno en su correspondiente puesto, el mío con poca visibilidad por la parte delantera y algo más en la zona trasera, monto el rifle, coloco el visor, ajusto y busco lo de siempre, "la teoría de por donde entraría", que como siempre se queda en teoría. Una vez inspeccionada la zona decido buscar unas ramas para intentar taparme un poco, y cuando intento moverme, al salirme del camino.... vuelta para atrás, la zona estaba impracticable. Me siento en mi banquillo y a esperar.

El frío era insoportable, hasta tal punto que me dolían las piernas, y no paraba de chasquera los dientes, cuando.... miro al frente y me veo "una cierva parada", me encaro el rifle y me pongo a observarla, empieza a andar y se para, sigo viéndola y sube por una zona donde la jara y los pinos no me dejan ver más del pecho, me pongo de rodillas en el suelo y veo que cuando pasa por debajo de un pino, ¡sorpresa! la cierva tiene cuernos, eso fue lo que dije, bueno cuernos lleva, quiero disparar y no lo veo, lo que hago es tirarme al suelo, encaro el rifle y tiro, veo que sigue corriendo, ¡leches, que se va!, me pongo de pie y vuelvo a encararme el rifle, cuando voy a volver a disparar veo que ¡cae!. Aviso a mis vecinos, el de la izquierda, Luciano "el carpintero" y a mi derecha Alonso el postor, y me dispongo, cuchillo en mano, ir a ver la pieza que había abatido, por si había que rematarlo. Aún sin verlo, tal fue la emoción del lance, que fueron varias veces las que me gire buscando mi puesto ya que, "por más que lo hacía el venado no aparecía", ¡Pero Dios mío, si lo he visto caer!. Respiré hondo y comencé a andar en línea recta hasta que ¡Madre de Dios, que aparato!, cuando vi el grosor de la cuerna, me encaré nuevamente el rifle, ya que el cuchillo de remate lo veía demasiado corto, pero fue un tiro certero, ¡Valla roseta!. No cabía en mí, todo eran deseos y más deseos de que acabara la montería. Por respeto a los compañeros y por seguridad a mí mismo, volví a mi puesto rápidamente, con una mirada a Luciano, le hice con los brazos abierto la señal de que había matado un venado, la hora y media que quedó de montería me parecieron interminables, mensajes a unos y otros "no iros hoy sin ver lo que he matado", la respuesta de Paco fue, ¿cochino o venado?, venado, le dije, respondiéndome con otra pregunta la cual no fue contestada, ¿Cuántas puntas tiene?. Dios, que fallo, no le conté las puntas al venado...

Por fin, se terminó, es la hora de arrastrarlo al cargadero, entre varios de mi armada, que se quedaron admirando, semejante ejemplar que se había abatido.

Mi teléfono era ya un continuo sonar, entre llamadas y mensajes, yo no estaba en mi cuerpo, todos a la casa a comer, todos no, menos yo, que no probé bocado. Cuando llegué a la casa busqué ayuda para cargar el venado, en el coche de Daniel que previamente había ido a buscar un cochino que habían matado los perreros, al vernos en un cruce de caminos dejé mi coche y nos montamos en busca del cochino y después en busca del venado.

Cuando íbamos bajando por el camino se veía al fono una impresionante carga de leña en medio del camino, Ahí lo tienes, Jesús, le dije al hijo del presidente, que no paró de hacerle fotografías desde que lo vio. Nos pusimos a colocar los cochinos para subirlo al coche y ahí fue donde ya se me saltaron las lágrimas. Lo levantamos de la parte trasera para subirlo al remolque y soltó su último bramido...

Por el camino hacia la junta de carnes, todo el que se cruzaba con nosotros nos hacía señas para parar a verlo, yo estaba ya en boca de todos, "han matado un venado grande". Ya una vez en la junta se arremolinaron en torno a él, fotos por aquí y fotos por allá, hasta que Antonio el aceitero, se dispuso a prepararlo, para que pudiese, como es a día de hoy, tenerlo en una bonita tabla desde su pecho.

Como os imaginaréis, las apuestas fueron muchas, unos que no era medalla, otros que si acaso bronce alto, etc. Etc. Yo no sabía que resultado sería, pero que era medalla, eso lo tenía claro desde que lo vi muerto y le vi las rosetas.

Gaspar, el de la carne, lo puso encima del remolque de la rehala y lo paseamos por el pueblo, como hacían nuestros antepasados. Una vez ya en el pueblo lo fuimos a meter en una de las cámaras de Gaspar, y nos vimos y deseamos para que entrara por la puerta.

De la cámara de Gaspar cogió rumbo al taxidermista, que cuando lo vio dijo: ¡Qué traes ahí!, hasta él se impresionó. Aquí lo dejo, esta es la historia del primer venado oro que mata la Sociedad Los Monteros de Vva. de los Castillejos, Huelva. En una de sus fincas, La Dehesilla Municipal, el cual tuve la suerte de ser yo quién lo abatió.

Antes de despedirme quiero agradecer a Montear Andalucía la oportunidad de contar mi historia. También a "Juan Macarro", "Alfonsi", "El Peona" y "Jesús Pereira hijo", por su ayuda al cargar el venado. Un saludo.

Juan Luis Núñez Mayal.

Leer 8299 veces Modificado por última vez en Viernes, 24 Febrero 2012 09:08
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