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Lunes, 16 Julio 2012 09:21

Rehala de Rafael Borland Torrus

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En sus inicios, la rehala de Rafael Borland estaba constituida por podencos de talla mediana y sus fines bien distintos a los de la actualidad. Eran otros tiempos en los que el conejo abundaba por toda la provincia cordobesa y había muchísima afición a su caza con perros, en ganchetes o a la mano.

Con la llegada de las terribles enfermedades de la mixomatosis y la neumonía vírica, y sus funestas consecuencias para la población de conejo tanto en el de la sierra como en el conejo de la campiña de Córdoba, provocan que muchas de estas rehalas, llamadas de conejos, optaran por reciclarse para la caza mayor.

Rafael, y su hijo Joaquín, decididos comienzan a seleccionar sus podencos, quedándose con los de mayor talla y mejores maneras para la caza. Se mueven por la campiña buscando podencos de talla grande, buenas hechuras y que sobretodo valiesen para la caza, además entran en contacto con José Rosa, por aquella época de finales de la década de los ochenta, dueño de una gran rehala de Córdoba. Joselete, que así se le conocía en Córdoba, decidió quitar los perros quedándose únicamente con dos colleras (dos machos y dos hembras) por si algún día se anima a volver de nuevo.

Tras una mucho negociar, Borland se hace con el Trabuco, el Gitano, la Arriera y la Lagartija. Con estos perros y los de su casta se empieza a criar y seleccionar, conformando la base de su actual rehala característica de podencos berrendos de talla grande. Los comienzos no fueron fáciles pero el empeño y la afición por criar perros de categoría provocan que Rafael y su hijo Joaquín, no cesen en su deseo de mejorar progresivamente en tipo y funcionalidad.

En los años noventa, y tras sacar varias camadas a base de su casta y de los perros procedentes de Joselete, Borland decide refrescar sangre con otros perros de amigos suyos y dueños de magnificas rehalas cordobesas además de una ibicenca con la idea de ganar en resistencia y talla. De esta forma adquiere perros de Juan Beigbeder Jubel (q.e.p.d.), de Pepe Ortega (q.e.p.d.), de Ricardo Torres, de Jesús Bernier y de Perico Carrasco.

Desde los comienzos, el perrero de la rehala es Joaquín Borland, hijo de Rafael que, desde muy pequeño, siente pasión y una tremenda afición por los perros. Cualquier decisión sobre los perros es consensuada entre padre e hijo. El Joaqui, que así es como se le conoce en la Córdoba montera, siempre ha estado muy concienciado en lo que a línea de perros se refiere y entre él y su padre han conseguido armar una rehala de podencos berrendos muy característicos y magníficos desempeñando su labor en el monte: los borlanes.

Hace unos años, a las once o doce colleras de podencos que siempre llevan a montear, han unido una collera de fuertes alanos que han aportado mucha seguridad y valentía en el monte a los berrendos en colorao. Acción, como todas las que desde el primer momento han ido realizando Rafael y Joaquín, destinadas a crecer y conseguir que su rehala este entre las punteras a del panorama nacional.

Las perreras, en perfecto estado de revista en cualquier momento que se visiten, se localizan próximas a Alcolea, concretamente en la finca Pendolillas. Allí es donde tienen su morada los más de cincuenta perros que constituyen esta rehala. Perros grandes, fuertes, valientes y espectaculares cumpliendo su función en la sierra: levantar, acosar y llevar las reses hacia los puestos de los monteros. Eso sí, como el bicho dude y haga cara a los perros, su codicia y bravura harán inevitable el agarre.


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